Sin Ataduras

Más diferentes que parecidos | abril 28, 2010

Lionel Messi cruzó los brazos y le puso lenguaje a su cuerpo: estaba fastidioso por no haber podido jugar ni un minuto en el encuentro decisivo frente a Alemania, aquel 30 de junio de 2006.

Ahí, despatarrado en el banco de suplentes del estadio Olímpico de Berlín, tenía la única cara posible: la de una desazón enorme que no le cabía en su cuerpo breve.

No pronunció palabra, caminó a pasos cortos, miró las caras del resto de los eliminados en aquellos cuartos de final. El papelito de Jens Lehmann ya había dado resultado en la definición por penales y el crack naciente sintió la amargura de una sensación que no esperaba: su primer Mundial había pasado con pena y sin gloria.

Había jugado apenas 121 minutos (70 de ellos frente a Holanda, con el equipo ya clasificado) y el único detalle que le dosificó el desencanto fue el gol convertido contra Serbia (en el 6-0, en Gelsenkirchen).

Pasaron cuatro años y es difícil no ver aquella escena como un error: prescindir de Messi -como sugirió el presidente de la AFA, Julio Grondona- resultó mucho más una osadía sin razón que un acierto táctico.

También es cierto: en cuatro años el fútbol ofrece todos los vaivenes que uno se pueda imaginar.

Este rosarino inmejorable, que en 2006 ya jugaba mejor que muy bien, es ahora el futbolista más premiado del mundo, el único que en un año -su mágico 2009- consiguió todos los premios a nivel de club (con el estupendo Barcelona de Pep Guardiola) y también a nivel individual (entre ellos, el FIFA World Player y el Balón de Oro).

Su caso es paradigmático: cuenta que mucho cambió en el escenario de la Selección. Por ejemplo, tras la partida de José Pekerman, nació el ciclo de Alfio Basile.

Y luego, tras un puñado de derrotas y algunas deslealtades desde adentro del plantel, sucedió la llegada sorpresiva de Diego Maradona, el crack de todos los tiempos, el técnico sin experiencia grande.

Habita una certeza: ya no queda casi nada del equipo que, a pesar de terminar invicto, detuvo su recorrido antes de lo deseado en 2006.

De acuerdo con la lista de 23 futbolistas que, se estima, Maradona llevará a Sudáfrica hay sólo cinco que estuvieron en la Copa del Mundo anterior y sólo Juan Sebastián Verón y Walter Samuel -que no fueron convocados para Alemania hace cuatro años- participaron del Mundial 2002.

Lo dijo el técnico actual, a poco de iniciado su ciclo: “Mi Selección es Mascherano más diez”. Habla de una continuidad: aquel pibe de la localidad de San Lorenzo, que creció en River y que se consolidó en Liverpool, es el que más participación tuvo en el Mundial pasado (disputó los 510 minutos que Argentina duró en la competición).

Entre los cinco futbolistas que se repiten en ambas listas jugaron un total de 1.541 minutos en Alemania 2006. Además de Messi y de Mascherano, Gabriel Heinze -otro de los preferidos de Diego- jugó 420; Carlos Tevez, 286; y Nicolás Burdisso, 204.

Hay dos futbolistas que aparecen en un segundo plano: Gabriel Milito y Pablo Aimar. Estuvieron antes y todavía no están descartados. El defensor acumuló sólo 90 minutos; y el mediocampista -entre 2002 y 2006- sumó 201 minutos.

Hay historias curiosas en el camino de esta lista. El caso de Nicolás Otamendi -confirmado por Maradona como titular en el lateral derecho- resulta también simbólico: en febrero de 2006 cumplía 18 años y en Vélez tenía por delante una larga lista de muy buenos centrales con proyección (como Fernando Tobio y como Marco Torsiglieri, entre otros).

Pero 2009 fue mágico para él: se adaptó rápido a la Primera, fue clave en el campeón del Clausura del año pasado y encantó a Diego por su constancia para la marca.

Algo parecido le pasaba a Sergio Romero, arquero titular sin discusión en la Selección de estos días. No había debutado en Primera y recién había sido convocado por Francisco Ferarro para el Torneo Esperanzas de Toulon. Se decían cosas muy buenas de él. Pero tenía todo por demostrar.

Hay más: Angel Di María -hoy figura del Benfica- tenía apenas 14 partidos en la Primera de Rosario Central. Había debutado en diciembre de 2005.

Sergio Agüero, tras el título en el Mundial Sub 20 de 2005, acababa de ser transferido al Atlético de Madrid. Sus números lo definían: tras debutar con apenas 15 años, sumaba 54 partidos y 23 goles en la A, con Independiente.

Y Gonzalo Higuaín, ahora estrella brillante en medio de la constelación del Real Madrid, recién sumaba cinco tantos en 18 encuentros con la camiseta de River.

Está claro que se trata de otra situación. Hay algunos casos que resultan sintomáticos de los gustos del actual entrenador: todo indica que Juan Román Riquelme -conflicto con el técnico mediante-, Esteban Cambiasso, Luis González, Javier Saviola y Maximiliano Rodríguez (aunque figure en los 30 de la lista preliminar) se estima que no estarán en Sudáfrica.

Es raro: los tres entre Mundial y Mundial rindieron a la altura de cualquier convocatoria. Se ganaron espacios en sus clubes, pero no consiguieron convencer al entrenador de la Selección.

El mediocampista del Inter, por ejemplo, está a un paso de la final de la Champions League y es uno de los futbolistas más destacados de la Serie A italiana.

Hay un caso excepcional y asombroso, también: Javier Zanetti. Ningún futbolista argentino disputó tantos encuentros entre 2006 y 2010 y, salvo Messi, nadie ganó más títulos que él.

En ese lapso jugó de lateral y de volante por los dos costados y hasta de mediocampista central.

Es el capitán y el emblema del Inter más exitoso de todos los tiempos (tal vez, sólo comparable con aquel de Helenio Herrera, en los años 60). Lucio, capitán de Brasil y compañero en el plantel de José Mourinho, dice que no entiende cómo no es convocado para cada partido de Argentina.

Cosas del fútbol: Zanetti, el futbolista con mayor cantidad de partidos jugados para Argentina, no estuvo en Alemania y parece que tampoco estará en Sudáfrica.

Para Martín Demichelis -marcador central titular de acuerdo con la consideración del DT- el viaje a Sudáfrica tiene el carácter de una revancha: se quedó fuera del Mundial anterior en el recorte final. Contó sus lágrimas y hasta dijo entonces que había perdido las ganas de levantarse a la mañana.

Un significado parecido tendrá para dos futbolistas que fueron emblemáticos del ciclo de Marcelo Bielsa y del golpe de Miyagi (aquella absurda eliminación frente a Suecia, en 2002): Verón -el único estandarte que queda de los tiempos de Daniel Passarella- y Samuel.

Ambos, con tanta experiencia acumulada, aparecen como soporte, en el medio y en la defensa, de un entrenador que dirigió escasamente (sus cortos pasos por Mandiyú y por Racing, hace tanto, son lo más destacado de su currículum).

Las ausencias de Roberto Abbondanzieri, Roberto Ayala, Juan Pablo Sorin (capitán en 2006) y Hernán Crespo cuentan también el final de una era. Ellos -sobre todo los tres últimos- fueron partícipes decisivos del ciclo de Bielsa, tras haber acompañado desde adentro el recorrido de Passarella.

También desde el juego y del planteo habrá diferencias. Pekerman prefería una distribución más flexible de los futbolistas, mientras que Maradona parece definitivamente atado al 4-4-2.

En 2006, la Selección jugó con un enganche clásico (Riquelme), un lateral volcado al mediocampo (Sorin) y generalmente con tres defensores.

En 2010, habrá cuatro marcadores centrales en el fondo, un doble cinco con Mascherano más retrasado y Verón más suelto, dos mediocampistas por afuera y dos atacantes.

Más señales de que se trata de otra Selección. ¿Mejor o peor? Por ahora, diferente.

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Publicado en Deportes, Nacional

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