Sin Ataduras

El consumo con fuerte descenso en los últimos dos años | marzo 27, 2010

Los números oficiales vienen mostrando a una Argentina en crecimiento y con gran vitalidad y fuerza para afrontar los coletazos de la crisis financiera internacional, aunque muchas veces ese país “real” que se pregona desde la cúspide del poder, choca de naríz con lo que vive la sociedad en su andar diario.
La situación ha llegado a grandes ribetes, donde por ejemplo la sociedad entera ha tenido que resignar parte de lo que antes compraba o hacía, como por ejemplo ir al cine o a un espectáculo deportivo, o comprarse una buena vestimenta para ir a trabajar o distintas clases de alimentos, cuidando de esta manera cada centavo que se gasta, porque cada vez se les hace más difícil llegar a fin de mes con el salario que ganan en su trabajo.
Nuestro país está inmerso en una realidad por demás complicada, donde los diferentes sectores de la economía comienzan a sufrir la inactividad de los mismos, con consecuencias totalmente impredecibles de cara al futuro, dejando a la Argentina en un proceso cargado de incertidumbre en la peor debacle económica de décadas.
En el boletín del Observatorio de la Deuda Social Argentina 2009, realizado por el Departamento de Investigación Institucional de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), se les preguntó a las personas que fueron objeto de análisis, si durante el último año en alguna oportunidad habían tenido que resignar un consumo, la utilización de un servicio o el pago de algún impuesto a causa de problemas económicos.
Ante esta pregunta, el 55% de los consultados aseguró que en este 2009 dejó de comprar menos comida o comida de menor calidad, lo que representó un 19% más que el año anterior.
Además, el 39% dejó de ir al médico o al dentista el año pasado, un 21% más que el 2008; así como también se dejó de comprar medicamentos en el 31% de los casos, un 17% superior al pasado año; el 49% no compró ropa aunque le hizo falta, un 12% más que el 2008; las personas que dejaron de realizar actividades recreativas trepó al 67%, un 28% más que el año anterior; no pagó o retrasó el pago de impuestos pasó del 15% el 2008, al 28% en 2009; y no pagó o retrasó el pago de servicios públicos aumentó del 9% del 2008, al 26% del 2009.
La variación de estos indicadores no es homogénea en el conjunto de la población debido a que tampoco lo es la distribución de bienes y servicios en los distintos segmentos sociales.
Así, mientras que los sectores más postergados dejan de comprar alimentos y ropa, en los sectores con mayor poder adquisitivo se produce una sustitución de marcas y una disminución de la calidad de lo que se consume.
En el caso de la suspensión de actividades recreativas, la mayor tasa de incremento del indicador se observa en los sectores medios altos (133%) en comparación con el estrato muy bajo (44%) se debe a que los primeros son los principales consumidores de este tipo de servicios.
No obstante esta paradójica “disminución de la brecha” producto de la crisis, las estructuras de la desigualdad de nuestra sociedad se sigue reproduciendo. Lo propio sucede con la diferenciación según aglomerado urbano: dependiendo de la oferta de cada uno de esos bienes o servicios, también la variación de los indicadores será dispar.
Durante los años de crecimiento de la economía (2004-2007) los hogares mejoraron de modo significativo sus posibilidades de consumo, atención de la salud, pago de impuestos y servicios.
Sin embargo, con los primeros signos de estancamiento de la economía comienzan a haber señales de retracción en los consumos, comenzando por los alimentos y ropa que tienden a estabilizarse durante el 2008.
Con la crisis 2008-2009, la retracción en los consumos se generaliza, siendo especialmente significativa en el caso de los alimentarios, de esparcimiento, e incluso en la atención de la salud.
Según el informe de la UCA , los más pobres fueron los que sintieron más estos coletazos que los estratos de la sociedad más pudiente.
Los datos revelan que el 58% del estrato más bajo dejó de ir al dentista durante el 2009; el 45% dejó de comprar medicamentos; el 61% disminuyó su compra de alimentos; el 70% cambió su forma de consumir ropa; el 72% dejó de hacer actividades recreativas; el 35% dejó de pagar impuestos; el 45% no pudo pagar más los servicios; y un 70% tuvo graves inconvenientes con el alquiler de sus viviendas.
En cambio, en el estrato medio alto de la sociedad argentina, el 21% desistió de ir al dentista durante el 2009; el 14% dejó de comprar medicamentos; el 46% bajó el nivel de su compra de alimentos; el 30% disminuyó de capacidad de comprar vestimenta; el 56% dejó de hacer actividades recreativas; el 19% obvió el pago de impuestos; el 12% el de los servicios; y un 30% tuvo serios problemas con el alquiler de sus viviendas.
Desde la primera encuesta llevada acabo en 2004 la Encuesta de la Deuda Social Argentina consulta a los entrevistados si durante ese año en algunas oportunidades en el hogar habían tenido que resignar un consumo, la utilización de un servicio o el pago de algún impuesto a causa de problemas económicos.
Estos indicadores han mostrado estar altamente correlacionado con las fluctuaciones de los ciclos económicos y el modo en que éstos impactan en las economías de los hogares.
Los datos mostrados con anterioridad dan cuenta de una realidad injusta que vive la mayor parte de la población de nuestro país, con las clases acomodadas que sufren menos estos coletazos de la crisis financiera internacional, y con una clase media, media baja y baja que siente enormemente los efectos de la misma, necesitando la mano de los funcionarios para paliar los efectos y empezar a crecer nuevamente como en años anteriores.
Sólo con una fuerte política de Estado que tienda al mejoramiento gradual y sustancial de la situación social, que lleve a un mejoramiento de las condiciones de vida de los individuos, que procure atender las causas y no que atienda los hechos consumados, la Argentina podrá volver a recuperar la excelencia que supo tener en una época, y evitar que se siga cayendo en el desgaste y deterioro de las últimas décadas.
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